El trasvase catalán del que nadie habla y mueve tanta agua como el Tajo-Segura

auamadrid.org - 19 Aug, 2017

En un escenario muy similar al de la guerra entre manchegos y murcianos, los vecinos de estas comarcas de Girona llevan décadas protestando por el agua. Hoy al fin les hacen caso

Durante años, los habitantes de Castilla-La Mancha y Murcia se han tirado los trastos a la cabeza en la llamada 'guerra del agua' por el trasvase Tajo-Segura. Se han vertido tantos ríos de tinta al respecto que, si los habitantes de ambas regiones fueran capaces de bebérsela, se habría resuelto el problema hace tiempo.

Mientras tanto, los habitantes de seis comarcas gerundenses (Ripollés, Osona, Selva, Gironés, Bajo Ampurdán y Girona capital) llevan años viendo cómo el 70% del caudal del río Ter se marchaba hacia el sur para dar de beber al área metropolitana de Barcelona. Esta semana, Carles Puigdemont -que antes de presidente de la Generalitat fue alcalde de Girona- ha suscrito un acuerdo que promete acabar con el "agravio histórico" de los habitantes del norte de Cataluña reduciendo a la mitad el agua que ceden a Barcelona en los próximos diez años.

"Es un trasvase que mueve 229 hectómetros cúbicos al año y no lo conoce ni su padre", explica a Teknautas Ramón Llamas, antiguo director del Observatorio del Agua y miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. "¿Por qué ocurre esto? Porque el Tajo-Segura se ha convertido en un arma política tanto de los murcianos como de los castellano-manchegos, pero como este trasvase está dentro de Cataluña nadie habla de él, cuando el volumen de agua del Ter-Llobregat es sólo un poco menor que el Tajo-Segura".

 En realidad, el trasvase catalán es el segundo en capacidad de España, por detrás del ya citado Tajo-Segura y por delante del Zadorra-Arratia, que comienza y termina en el País Vasco para abastecer al área metropolitana de Bilbao. Como lo define Llamas, "el trasvase es una cirugía de la naturaleza, mejor no tener que ir a la mesa de operaciones pero a veces es inevitable".

Más de medio siglo de vida

Barcelona y sus alrededores tienen estructuralmente un déficit de agua, lo que unido al brutal desarrollo experimentado a lo largo del siglo XX hizo la situación insostenible. Por ello, en los años cincuenta las autoridades pusieron la vista al norte, en uno de los tres principales ríos de Cataluña junto al Llobregat y la parte proporcional del Ebro. Sin embargo, no fue hasta 1966 cuando Franco inauguró la primera fase en un acto solemne en Cardedeu.

Desde entonces, las protestas en Girona no han hecho más que sucederse, pero sin el componente inter-autonómico todas estas han ido cayendo en un enorme saco roto. La Unió de Pagesos, el mayor sindicato agrario de Cataluña, calificó el año pasado el trasvase como el "mayor agravio" que existe en Cataluña.

También los grupos ecologistas llevan años denunciando la situación de la cuenca del Ter, un río debilitado e incapaz de hacer frente al mar, que se introduce en su cauce cuando llega a la desembocadura. Por ejemplo, Ecologistas en Acción denunciaba el incumplimiento de la Directiva Marco del Agua, "permitida por la poca voluntad política de la Generalitat de Cataluña para implementar las medidas contenidas en el Plan de Gestión aprobado y presentado en la Comisión Europea".

La violación de la legislación europea denunciada por la ONG se centra en "el incumplimiento de caudales de mantenimiento en el Alto Ter debido al impacto causado por la captación de agua de las minicentrales hidroeléctricas y en el Bajo Ter por el trasvase de agua a Barcelona".